Relatar las nobles palabras del Profeta Muhammad (BPD) y transmitir los hadices de los Imames (P) constituye una labor cultural de trascendental importancia en cualquier tiempo y época. El último día del mes de Dul Qa’da enmarca el aniversario del martirio del Imam Yawad (P), y en este artículo, con motivo de tan solemne conmemoración, nos proponemos compartir algunas de sus invaluables narraciones y enseñanzas para la comunidad islámica. [1]
Tres narraciones sobre el martirio del Imam Yawad (P)
Sobre la dolorosa historia del martirio del noveno Imam Infalible, Muhammad Ibn Ali al-Yawad (P), se han documentado diversos relatos. Según las crónicas más reconocidas, su martirio aconteció a finales del mes de Dul Qa’da del año 220 de la hégira, momento en el cual se encontraba en la flor de la juventud, con apenas 25 años de edad.
Primer relato:
Ibn Shahr Ashub, en su célebre obra "Manaqib", expone lo siguiente:
Después de que el califa abasí Al-Mu'tasim se hiciera con el poder, le remitió una misiva a Abdul Malik, gobernador de Medina, ordenándole que enviara al Imam Yawad (P) hacia Bagdad. Una vez que el Imam (P) hizo su entrada en Bagdad, Al-Mu'tasim le hizo llegar un brebaje a través de uno de sus emisarios, llamado "Ashnas". Al-Mu'tasim intentó envenenar al Imam (P) en tres ocasiones durante un mismo día para tener la absoluta certeza de consumar su perverso propósito.
Cuando Ashnas le presentó el jarabe al Imam (P), le manifestó: “Este es el mismo néctar que el Califa consume, y ha dispuesto la orden de que usted lo beba con hielo”. Luego, trajo el hielo y preparó la bebida para el Imam (P). El Imam le indicó que prefería reservarlo para la noche. Sin embargo, el agente del califa porfió, argumentando que el jarabe debía ingerirse frío, pues de lo contrario el hielo acabaría derritiéndose. Por más que el Imam Yawad (P) se rehusó a tomarlo, la tenaz insistencia del enviado del califa fue tal que el Imam (P) finalmente se vio coaccionado a ingerir aquel jarabe letal.
El segundo relato:
Mohammad Taqi Maylisi, en el libro "Yala 'al-Oyun", narra lo siguiente:
Al-Mu'tasim encomendó a uno de sus secretarios que invitara al Imam Yawad (P) a su morada con el fin de verter veneno en los alimentos de dicho Imam. El emisario del califa procedió según lo ordenado, pero el Imam (P) declinó la invitación, expresando: “Bien sabes que no suelo asistir a sus reu n i o nes”. El anfitrión, no obstante, replicó: “El único propósito es invocar bendiciones para nuestro hogar con su honorable presencia; además, uno de los ministros del califa alberga un gran deseo de conocerlo a usted”. Ante esto, el Imam finalmente se vio en la obligación de acudir a su casa.
En el instante en que el Imam (P) probó bocado, percibió de inmediato el efecto del veneno en su garganta. Se puso en pie con la intención de marcharse. El dueño de la casa le suplicó que no se retirara, a lo que el Imam (P) sentenció: "¡Es mucho mejor para ti que yo abandone tu casa!". Al arribar a su propio hogar, los estragos del veneno se manifestaron en su noble cuerpo, padeciendo una profunda agonía a lo largo de todo el día y la noche, hasta que su bendito espíritu emprendió el vuelo hacia los más sublimes grados del cielo, alcanzando de este modo el martirio.
El tercer relato:
El tercer relato, expuesto por Mohammad Hussein Muzaffar en el libro "Historia del shiísmo", declara:
Al-Mu’tasim, quien albergaba un profundo y arraigado rencor hacia el Imam Yawad (P), lo mantuvo prisionero por un tiempo, pero en última instancia tomó la resolución de asesinarlo. Con este oscuro fin, sacó al Imam (P) de las mazmorras y le entregó veneno a su esposa, "Umm al-Fazl" (hija de Al-Ma’mun), quien había se había casado con el Imam por designio de Al-Ma’mun, con el objetivo de mantenerlo bajo constante vigilancia. El califa abasí le ordenó a Umm al-Fazl que le administrara dicha ponzoña al Imam (P) y ella acató su mandato, de modo que el Imam Yawad (P) pereció envenenado por la conspiración de Al-Mu’tasim.
El Sheij Abbas Qomi relata al respecto en su noble obra "Muntaha al-Amal":
Umm al-Fazl inyectó veneno en unos racimos de uvas y se los ofreció al Imam (P). En el momento en que el Imam consumió aquellas uvas envenenadas, los estragos del veneno se revelaron en su cuerpo bendito, y a esa temprana edad, cuando apenas habían transcurrido veinticinco años de su honorable existencia, alcanzó la gloria del martirio. De acuerdo con ciertos testimonios históricos, el cuerpo del Imam (P) yació durante tres días en la azotea de la residencia, hasta que los shiítas lo recuperaron, llevaron a cabo una solemne procesión y le dieron sepultura junto a la tumba de su ilustre abuelo, el Imam Musa al-Kazim (P).
Consejos y enseñanzas de los hadices del Imam Yawad (P)
¡No reveles tus secretos a nadie a excepción de tus amigos de total confianza!
Todos los seres humanos atesoran secretos en su vida personal que, en ocasiones, están estrechamente vinculados con sus debilidades y defectos, y otras veces, con sus triunfos y logros. Resulta innegable que exponer aquello que atañe a la debilidad y al defecto puede lesionar gravemente la credibilidad y el estatus social de los individuos, y puede desembocar en una pérdida de la confianza pública y en una profunda humillación, motivo por el cual ni ellos ni los demás deberían ventilar esos secretos, a menos que se presente una oportunidad propicia para enmendar los defectos y erradicar las debilidades.
Asimismo, divulgar aquello que concierne a los logros personales tiene el potencial de encender la llama de la envidia en el corazón de los envidiosos, incitándolos a destruir las vías de dicho éxito; en cualquier caso, esto engendra males y puede conducir al fracaso, por lo que resulta sumamente prudente que los creyentes mantengan bajo estricta reserva las claves de sus triunfos. [2]
El Imam Yawad (P) reflexiona al respecto:
"Revelar algo (un secreto) antes de que se solidifique y concluya, inevitablemente da como resultado su propio fracaso". [3]
Las luminosas y sabias palabras del Imam Yawad (P) nos indican que el ser humano debe ser extremadamente cauteloso con sus secretos, puesto que su divulgación a veces acarrea daños severos y, en otras circunstancias, provoca deshonra y difamación; [4] Por citar un ejemplo, en ciertos contextos, si el hombre desvela su secreto, su propia vida puede verse amenazada, y en otras ocasiones, dicha revelación provoca que los envidiosos obstaculicen al hombre en la consecución del fruto de su esfuerzo, o que se levanten en su contra con el fin de salvaguardar sus propios intereses y arrebatarle aquello que tanto ha luchado por alcanzar. [5] [6]
Por consiguiente, es de suma sensatez que, en tales circunstancias, la persona no divulgue sus confidencias, evitando incluso relatárselas a sus amistades. [7] El Imam (la paz sea con él), mediante esta narración, también traza los límites de la amistad en el tejido de la vida social, y le aconseja al hombre que, además de procurar amigos y cultivar lazos en su vida, mantenga ciertas barreras de prudencia en sus relaciones con ellos. [8] Por lo tanto, si verdaderamente anhelamos que nuestros secretos permanezcan a salvo, debemos custodiarlos con firmeza en lo más recóndito de nuestro corazón. [9] No resulta prudente depositar una confianza ciega en otra persona por el mero hecho de ostentar el título de amigo, ya que el día de mañana las tornas pueden cambiar y aquel compañero podría transformarse en un adversario. [10]
Se menciona en las sagradas narraciones que, de ser imperativo, debes confiar tu secreto únicamente a alguien que a su vez comparta un secreto contigo, de modo que tenga un aliciente genuino para guardar tu confidencia. [11] En virtud de que los seres humanos ineludiblemente se necesitan los unos a los otros y tienden a estrechar lazos, siempre debe existir un sendero despejado para el cultivo de la amistad. Como reza un antiguo proverbio persa: "Una montaña jamás alcanza a otra montaña, pero un ser humano sí llega al encuentro de otro ser humano". [12]
La responsabilidad del hombre por lo que ve y escucha
Prestar oídos a las sospechas sobre otras personas, y emitir juicios sobre ellas careciendo de absoluta certeza, constituye uno de los hábitos más deleznables, el cual acarrea consecuencias y secuelas verdaderamente funestas. [13] Es una desdicha que algunas personas, al llegar a sus oídos un simple rumor, lo asuman inmediatamente como cierto y lo utilicen como pilar fundamental para fundamentar sus juicios. [14]
Bajo la luz del Islam, el único criterio válido para formular juicios es el conocimiento pleno y la certeza, y cualquier comportamiento sustentado en la mera sospecha carece de fiabilidad y entra en conflicto directo con las leyes islámicas. [15] Al respecto, leemos en un hadiz del Imam Yawad (P):
"Aquel que actúa desprovisto de conocimiento, terminará siendo más un corruptor que un reformador.” [16] [17]
La ignorancia no circunscribe sus efectos nocivos exclusivamente a la esfera personal del hombre; muy por el contrario, es capaz de desencadenar peligros de magnitudes insospechadas. Erigir la vida sobre los cimientos de la ignorancia es el manantial del que brotan los juicios apresurados, la vulneración de los derechos y del honor ajeno, la diseminación de rumores infundados, el fomento del pesimismo mutuo en la sociedad y el marchitamiento de la independencia intelectual. [19]
A modo de ilustración, una persona envuelta en la ignorancia puede albergar la sincera intención de hacerle un bien a su hijo, pero paradójicamente termina empujándolo hacia la desdicha; puede pretender brindarle un servicio al Islam, pero acaba cubriéndolo de oprobio; puede ansiar sembrar la paz entre sus semejantes, pero termina exacerbando las disputas y fomentando la hipocresía; y, por regla general, la corrupción y el estrago que siembra en todos los frentes superarán con creces a sus tenues intentos de reforma. [20]
La caridad y la infinita recompensa divina
Uno de los instin tos más innegables que anidan en el ser humano es el impulso de "buscar el beneficio y repeler el daño"; el hombre perennemente anhela obrar de un modo que le rinda provecho o que le escude de alguna adversidad, y, bajo esa premisa, se halla dispuesto a invertir los dones que posee para conquistar metas de mayor envergadura; toda transacción de índole material se encuentra propulsada por esta motivación subyacente. El propio Corán emplea ese mismo vocablo de “negocio” para ilustrar las recompensas que se conceden como fruto de las buenas acciones. Tal y como leemos, por ejemplo, en el sagrado versículo: “¡Oh, creyentes! ¿Acaso queréis que os indique un negocio que os libre de un doloroso castigo?” [22] [23]
A través de las páginas del Sagrado Corán, Dios hace alusión a Su inagotable bondad como retribución a las obras justas, prometiendo una recompensa incalculable para los creyentes; [24] una recompensa de tal magnitud que ningún ojo ha logrado vislumbrar, ningún oído ha logrado percibir, y ningún pensamiento humano ha sido capaz de imaginar; [25] Sumado a estas promesas celestiales, es sumamente posible que el Creador multiplique con creces este favor, otorgando un galardón sublime cuya verdadera dimensión nadie conoce ni comprende, a excepción del propio Dios. [27]
A la luz de estas sublimes interpretaciones, ¡¿acaso existe un negocio que resulte más provechoso que este?! [28] En verdad, ¿qué clase de comercio podría ser más rentable y destilar mayor sabiduría que esta transacción? Un intercambio en el cual, por un lado, se entabla un pacto entre el hombre y su Dios, el Más Misericordioso, el Más Indulgente y el Más Generoso; y por el otro, Dios acoge con agrado los bienes mortales y perecederos que el hombre, inexorablemente, habrá de perder de un modo u otro, concediéndole a cambio una retribución desprovista de límites. [29]
Los verdaderos creyentes, aquellos que depositan su fe inquebrantable en las promesas divinas, y que reconocen la soberanía de Dios para otorgar todas las recompensas, jamás sentirán que su pulso tiembla al momento de entregar limosnas en el camino del Señor, ni tampoco contemplan la "mezquindad" como una vía legítima para amasar riquezas; por el contrario, se entregan a la donación y derraman sus favores sobre los siervos de Dios con toda la amplitud de sus posibilidades, aguardando la recompensa de Aquel que es infinitamente generoso, omnisciente y omnipotente. [30]
En una bella narración se relata que Abdul Azim Hasani se presentó ante el Imam Yawad (P) rogándole que le transmitiera un hadiz legado por sus antepasados. Aquel honorable Imam tuvo a bien compartir un hadiz proveniente del Imam Ali (P), el cual reza: “Aquel que profesa una fe firme en el hecho de que ‘Dios compensa con creces lo que se entrega en Su camino’, se muestra siempre generoso al otorgar”. [31] [32]
Ciertamente, quienes depositan su absoluta confianza en las promesas del Creador y tienen la certeza de que cosecharán frutos mucho más abundantes y sublimes por cualquier limosna ofrendada en el camino de Dios —ya sea en la morada de este mundo, en la inmensidad del Más Allá, o en ambos reinos— jamás titubearán a la hora de extender su mano caritativa. [33]
La manera más digna de expresar condolencias
Brindar consuelo y mostrar una genuina simpatía hacia quienes sufren el embate de un suceso amargo, son pilares fundamentales de los códigos humanitarios y del refinado comportamiento islámico. Cuando una persona que ha sufrido la pérdida de un ser amado percibe la presencia solidaria de aquellos que han acudido a ofrecerle su pésame, la carga de su pena y la intensidad de su dolor logran mitigarse; es precisamente por este motivo que las sagradas tradiciones islámicas han puesto un énfasis tan marcado en este deber compasivo. [35]
Las narraciones establecen que constituye una acción sumamente loable presentar las condolencias a los deudos e invitarlos a abrazar la virtud de la paciencia, tanto en los momentos previos como posteriores al rito del sepelio; la forma más elemental de consuelo radica en acudir presencialmente al hogar de los afligidos para acompañarlos y empatizar con su desdicha. [36]
Se relata históricamente que, en cierta ocasión, el Imam Yawad (P) albergaba el noble deseo de ofrecer sus condolencias a un hombre que acababa de sufrir la dolorosa pérdida de su amado hijo. El Imam, dirigiéndose a él, le manifestó: “He tenido noticia del profundo dolor que embarga tu alma a causa de tu hijo Ali, y asimismo he sabido que él ocupaba un lugar de predilección entre tus hijos. En verdad, Dios Todopoderoso (en ocasiones) decide llevarse consigo a los seres más entrañablemente amados por el hombre con el único propósito de concederle a este la más excelsa de las recompensas. Ruego que Dios multiplique tu galardón, te revista de paciencia y derrame un bálsamo de calma sobre tu corazón. Ciertamente, Él ostenta un poder absoluto sobre todas las cosas y albergo la esperanza de que el Señor sabrá compensarte por esta calamidad.” [37]
De igual manera, resulta intelectualmente irrefutable que el acto de consolar y compartir el duelo con los afligidos les procurará un enorme alivio y una serena paz mental, aminorando el peso de su dolor y su sufrimiento, lo cual se erige como un servicio inestimable en favor de esos corazones heridos. [38]
Recordar la auténtica verdad sobre la "muerte"
A menudo, las personas abrigan la errónea concepción de que la muerte representa sinónimo de una aniquilación definitiva, [41] y es por ello que rechazan la idea de una existencia posterior a la muerte, vislumbrándola en cambio como un monstruo aterrador que encarna la nada y como la más absoluta oscuridad de la inexistencia. Naturalmente, resulta del todo comprensible que el ser humano sienta el impulso instintivo de huir de la no existencia y de una muerte concebida bajo esa lúgubre perspectiva. [42]
Sin embargo, esta sombría interpretación jamás guarda correspondencia con las sublimes verdades reveladas en los versículos del Corán y en los sagrados hadices. [43] A la luz del texto coránico, la muerte se erige como una transición luminosa de un mundo terrenal hacia otro plano existencial, razón por la cual observamos que el Corán la describe poéticamente como el acto de despojar al alma de su envoltura corporal.
En el vasto océano de las narraciones, afloran muy diversas y ricas interpretaciones en torno a la verdadera esencia de la muerte. [45] En una ocasión se le interrogó al Imam Yawad (P) acerca de este misterio, a lo cual el Imam respondió: “La muerte es (semejante a) ese sueño que desciende sobre vosotros cada noche, con la diferencia de que este es un letargo prolongado del cual el hombre no despertará sino hasta el advenimiento del Día del Juicio...” [46] [47]
Es de suma importancia subrayar que el sueño constituye, en esencia, una fase atenuada de la muerte, y representa un relajamiento temporal de la estrecha conexión que une al alma con el cuerpo. [49] Por consiguiente, la muerte bajo ningún concepto debe interpretarse como aniquilación; se trata, en su forma más pura, de un estado de supervivencia espiritual y de la gloriosa continuación del ciclo de la vida. [50]
Notas
[1] Meshkat Hedayat; P 114.
[2] Ética en el Corán; tomo 3; P 369.
[3] Bihar al-Anwar; tomo 72; P 71; H 13 / (Payame Emam) Mensaje del Imam Amir al-Mu'minin, la paz sea con él; tomo 12; p. 317.
[4] (Payame Emam) Mensaje del Imam Amir al-Mu'minin, la paz sea con él ; tomo 9; p. 633.
[5] Ibíd; tomo 13; Pág. 323.
[6] Ibíd; tomo 9; p. 633.
[7] Ibíd; tomo 13; Pág. 323.
[8] Traducción explicativa y descripción concisa de Nahy al-Balaghah; Texto C 3; P.537.
[9] (Payame Emam) Mensaje del Imam Amir al-Mu'minin, la paz sea con él; tomo 9; p. 633.
[10] Ética en el Corán; tomo 3; P 365.
[11] Ibíd; P 372.
[12] Traducción explicativa y explicación concisa de Nahy al-Balaghah; Traducción tomo 3; P.538.
[13] Anwar Hedayat, una colección de temas éticos; P 467.
[14] Ibíd; P 468.
[15] Tafsir Nemune, volumen 12, página 117.
[16] Kashf al-Qumma; tomo 3; P.161.
[17] Ciento cincuenta lecciones de vida; p. 48.
[19] Anwar Hedayat, una colección de temas éticos; P 467.
[20] Ciento cincuenta lecciones de vida (persa); p. 48.
[22] ver: Sura al-Saff, aleya 10.
[23] (Payame Emam) Mensaje del Imam Amir al-Mu'minin, la paz sea con él; tomo 13; p. 137.
[24] Ver: Sura al-Qafir, aleya 40.
[25] Tafsir Nemune; tomo 20; P.107.
[27] Tafsir Nemune; tomo 23; P 321.
[28] Ibíd; tomo 20; P.107.
[29] (Payame Emam) Mensaje del Imam Amir al-Mu'minin, la paz sea con él; tomo 3; p. 42.
[30] Ética en el Corán; tomo 2; P 376.
[31] Bihar al-Anwar; tomo93; p. 15, hadiz 6.
[32] (Payame Emam) Mensaje del Imam Amir al-Mu'minin, la paz sea con él; tomo 13; p. 135
[33] Ibíd; p. 137.
[35] Mafatih Nowin; Pág. 1193.
[36] ibíd.
[37] al-Kafi; tomo 2; P. 205; Í 10.
[38] (Payame Emam) Mensaje del Imam Amir al-Mu'minin, la paz sea con él; tomo 14; P.420.
[41] Discursos de los Infalibles (P); tomo 2; P.165.
[42] Tafsir Nemune; tomo 24; P 117.
[43] Ibíd; tomo 22; P 261.
[44] Ver: Sura az-Zumar; versículo 42.
[45] Discursos de los infalibles (P); tomo 2; P.165.
[46] Bihar al-Anwar; tomo 6; P.155.
[47] Discursos de los infalibles; tomo 2; P.165.
[49] El mensaje del Corán; tomo 2; p. 119.
[50] Ibíd.






